¿Qué te puedo contar sobre mí?

Soy Hanna

Hola, soy Ana de la Peña.

 

Mis pacientes y las personas más cercanas con cariño me llaman Hanna.

Nací en Cuba. Me gradué de médico y en poco tiempo migré al Ecuador, donde hasta el momento vivo, desde hace más de 20 años.

Mi historia personal está matizada con la fuerza interior obtenida de haber padecido Lupus, así como todo el viaje que conlleva recuperar la salud y agradecer diariamente al Universo por ello.

Todo comenzó al poco tiempo de dar a luz a mi primer hijo. Mis manos se comenzaron a inflamar, de vez en cuando, iban del color rojo al  morado sin ninguna razón. Cuando la inflamación bajaba, toda la piel de esa parte de mi cuerpo se volvía escamosa y la cambiaba por completo.

Perdía mucho peso y  cabello. Mis articulaciones y músculos me dolían todo el tiempo, aún cuando me acabara de levantar. Sentía mientras dormía que cada parte de mí me dolía como si hubiese hecho una rutina de ejercicios excesiva, ¡muchas veces pude sentir como el dolor avanzaba hasta mi pecho! Llegué a asustarme. ¿Qué me estaba sucediendo?

Estaba casi todo el tiempo sin energía, fatigada. Era muy sensible a la luz  del sol  y el calor hacía que mi piel se hinchara, mis músculos dolieran y comenzaran a inflamarse.

Mi carácter también cambió: estaba intolerante, a veces triste, muchas veces insensible, enojona e irascible con el resto de las personas.

Cuando eres médico y tus pacientes se sienten satisfechos con tu atención, lo mínimo que esperas de tus colegas cuando te enfermas es recibir una atención  a la par.

Como es «natural» acudí a ellos, pero no eran optimistas y no hubo clemencias en transmitirme un diagnóstico y pronóstico poco alentador, un discurso que aprendí en mis años de estudiante. 

Consulté cerca de 5 especialistas,  todos reconocidos como los mejores en esa época. En mi casa se comenzaron a angustiar porque no me sentía bien con ninguno y dejaba de visitarlos. Ellos empezaron a temer porque veían que mi salud se deterioraba más y más.

Yo les respondía que yo no actuaba irresponsable, solo quería un médico que me entendiera que yo quería vivir y poder ser una madre saludable y presente para mi hijo Eduardo y recuperar mi vida.

¿Pero, por qué me sentía así con ellos?

 

Efectivamente, en el conocimiento literal de la enfermedad, tal como nos la enseñan en la Facultad, eran los mejores, pero en la parte humana y en el enfoque que le daban a mi caso, yo no me  sentía conectada con ellos. Eran fríos, autómatas, solo seguían un estricto protocolo que incluía solamente medicinas.

Todos apuntaban solamente a que tomara un panel de medicinas que iban desde un corticoide, inmunosupresor, protector gástrico, hipotensor, antinflamatorio más aquellas más comunes para «proteger» de los efectos adversos y a realizar paneles de laboratorio hematológicos al principio cada 15 días.

Todo el panorama económico pasó a tener importancia, aunque ese nunca fue el detonante de buscar una solución definitiva, debo reconocer que se convierte en un tema a tener en cuenta por los altos costos que trae implícitos. 

Ninguno de los médicos me dijo que la medicación no te quita los dolores, solo producen alivio.

Ninguno de ellos me habló de la importancia de comer ciertos alimentos y evitar otros  para prevenir este tipo de crisis o sumar más complicaciones a mi estado.

Ninguno me preguntó si yo quería combinar mi tratamiento con alternativas de salud naturales.

Ninguno me habló de cómo mi mente y mis emociones pueden ser las aliadas o las enemigas de mi cuerpo.

Ninguno se sentó hablar de mis  miedos y de lo que yo creía que podía aportar en este proceso de recuperar mi salud.

No lo hicieron porque su enfoque estaba solamente en la enfermedad. Ellos estaban convencidos de que no había vuelta atrás.

No los culpo, es lo que el sistema nos enseña…  

No me rendí, este diagnóstico se convirtió en un detonante para buscar respuestas a lo que me pasaba, a recuperar mi salud, sin dolores, sin delgadez, sin irritabilidad, sin lesiones en mi piel ¡Yo sólo tenía un pedido a la vida: Vivir con calidad!

No te voy a contar aquí más detalles, te invito a que conozcas toda mi historia en el libro que escribí como un ejercicio de transmitir a todo el que está pasando por una situación similar que hay una esperanza, hay un camino diferente y que la salud podría ser alcanzable para tí. 

No te asustes de su título 🙂 «Esta p… enfermedad» esa frase fue lo primero que saltó a mi cabeza cuando confirmé mi diagnóstico.

Un abrazo,

Hanna

El médico que no entiende de almas no entenderá de cuerpos.

- José Narosky

Escritor

Mi misión

Guiarte paso a paso para recuperarte de una enfermedad autoinmune o catastrófica mediante la medicina cuántica e integrativa.

En nuestro día a día nos hemos acostumbrado a tener la «libertad» de tomar las decisiones que queramos en cuanto a salud se refiere.

Estableciendo un estándar de cómo las cosas deberían hacerse, lo que funciona y lo que no, marcando así el camino de lo que se considera «normal» o «adecuado».

Sin embargo no nos damos cuenta que en realidad recibimos muchas influencias ajenas a lo esencialmente correcto: 

Por eso,  considero mi misión profesional informarte sobre todos los métodos, herramientas y conocimientos científicos  que pueden ser aliados en tu proceso y dónde tu puedas participar con compromiso y de manera activa.

Yo soy una profesional de la salud experta en guiar paso a paso a las personas que viven con una enfermedad autoinmune o catastrófica para prevenir su dolor y recaídas, permitiéndoles desde mi acompañamiento personalizado disfrutar   de más salud con calidad de vida”.

Aprende más sobre Hanna

LA MEDICINA ESTÁ EN TI Y NO LA USAS, LA ENFERMEDAD VIENE DE TI MISMO Y NO TE DAS CUENTA.

Hansrat Alí

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PRACTICO CON COHERENCIA MI FILOSOFIA PARA CONTRIBUIR A CREAR UN NUEVO ESTILO DE VIDA PARA MIS PACIENTES

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